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¿Cómo educar en tolerancia en torno a la salud mental infanto-juvenil?

Escrito por Fundación Juan XXIII | 21/10/26, 15:00

Educar en tolerancia supone una de las bases fundamentales para construir sociedades más humanas e igualitarias, hoy y en el futuro, de ahí que jornadas como el Día de la Tolerancia sigan siendo más que necesarias. En un momento en el que la salud mental infanto-juvenil se está descubriendo como un asunto importante a atender, fomentar la tolerancia resulta especialmente crucial.

Destacamos estos datos: un 12% de la población infantil y juvenil “presenta síntomas de gravedad clínica de al menos un problema emocional”, mientras que un 34% “presenta síntomas en niveles de precaución” en torno a su salud mental (Mireia Orgilés et al., 2026).

Cifras que apuntan a la importancia de no solo realizar intervenciones en salud mental, sino también a favor de la tolerancia y la aceptación social de las mismas: porque la estigmatización de la salud mental es un peso añadido para las personas que lidian con dificultades en este ámbito, pero también puede llegar a impedir pedir ayuda a quienes la necesitan.

Frente a esto, la educación y la apertura de espacios de diálogo marcan la diferencia. Desde este punto de vista y partiendo de nuestro trabajo en pos de la salud psicosocial en FUNDACIÓN JUAN XXIII y en nuestro centro de bienestar psicológico SumaMente, compartimos algunas de las CLAVES para trabajar la tolerancia en torno a la salud mental infanto-juvenil.

¿Cómo fomentar la tolerancia alrededor de la salud mental infanto-juvenil?

 

Tácticas para la normalización en el hogar

Algunas de las intervenciones que familias y personas con menores a cargo pueden realizar para fomentar la tolerancia en torno a la salud mental infanto-juvenil incluyen:

  • Enseñar mediante el propio ejemplo, hablando de las emociones de forma abierta y como parte de las conversaciones en el día a día familiar.

  • Transmitir la idea de que la salud mental existe en un continuo con distintos grados, y que las personas con problemas de salud mental no son diferentes a los demás. Por ejemplo, puede explicarse que la tristeza puede ser puntual o durar un tiempo, puede dejarte seguir con tu día a día o dificultártelo…

  • Abrir espacios de escucha cuidadosos, que validen sin juzgar, modelando también cómo pueden tenerse conversaciones en torno a la salud mental.

  • Cuidar el lenguaje, evitando por ejemplo el uso de diagnósticos médicos de forma despectiva o de forma que se banalicen. Por ejemplo, corregir o corregirse de esta forma: “Se dice que es una persona con bipolaridad, no que alguien es bipolar”; o “se dice que una persona tiene depresión, no que es depresivo”. Al igual que en torno al lenguaje inclusivo con la discapacidad, se trata de hacer ver que la realidad y totalidad de una persona va más allá de su diagnóstico.

  • Modelar y ser transparente en torno a conductas como el acudir a terapia u otras formas de gestionar posibles dificultades emocionales o de salud mental. Transmitir solidaridad, empatía, posibles historias de superación y la idea de que cuidar de la salud mental es una parte más dentro del cuidado de la salud general.

  • Incitar a consumir contenidos (lecturas, audiovisuales…) que muestren personas de su edad y a las que admiren que hablen de sus emociones, de sus posibles problemas de salud mental, y de sus procesos de superación. Clave para fomentar la tolerancia, demostrar que los problemas de salud mental ocurren a muchos tipos de personas, también a quienes se admira, y que es posible superarlos.

 

Actuaciones en entornos escolares inclusivos

Las aulas son un lugar con un potencial de aprendizaje inmenso, también en lo que se refiere a la salud mental infanto-juvenil. Entre las intervenciones clave aquí, aparecen:

  • Crear programas que fomenten la inteligencia emocional y el reconocimiento de emociones y que desmitifiquen las dificultades o trastornos que pueden surgir en torno a la salud mental.

  • Integrar la presencia de orientadores o psicólogos en la escuela, fomentando su presencia como algo cotidiano, en el día a día, y no como intervenciones excepcionales.

  • Creación de protocolos contra el acoso escolar, acompañando y recogiendo las necesidades de niños y jóvenes vulnerables desde el punto de vista emocional o conductual.

  • Promover centros educativos de plena inclusión, en los que se integre alumnado de diferentes contextos y capacidades, incluyendo niños y niñas con necesidades de Educación Especial.