En Fundación Juan XXIII hemos vivido San Valentín de una forma muy especial gracias al trabajo de nuestros compañeros de Juan Senior, que han preparado dos detalles llenos de cuidado y significado para celebrar este día.
Ese cuidado se nota. En los acabados, en el proceso y en el resultado final. No se trata solo de un objeto bonito para regalar, sino de todo lo que hay detrás: aprendizaje, esfuerzo y ganas de hacer algo especial para otras personas.
La urna ha servido como un pequeño espacio para guardar mensajes, recuerdos o notas con valor emocional. El corazón, por su parte, ha sido ese guiño sencillo y directo que nunca falla cuando hablamos de San Valentín. Dos detalles distintos, pero con un mismo hilo conductor: el trabajo bien hecho y el valor de lo artesanal.
Este San Valentín también nos ha recordado que el cariño no entiende de fórmulas únicas. Es un día también para la amistad, la familia, los compañeros… e incluso para el autocuidado. Porque cualquier relación que se construye desde el respeto y la cercanía merece un gesto.
A veces basta con parar un momento, mirar alrededor y cuidar los vínculos que forman parte de nuestro día a día. Y si ese cuidado se refleja también en cómo trabajamos y en cómo hacemos las cosas, el mensaje llega aún más lejos.
Porque los detalles importan. Y porque cualquier día es bueno para decir “gracias”, “te quiero” o “me importas”, pero si además lo hacemos juntos, mucho mejor ❤️