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¿Cómo la infraestructura verde aumenta el valor del activo (ESG)?

Escrito por Fundación Juan XXIII | 17/9/26, 9:45

Durante mucho tiempo, la infraestructura verde se ha entendido como un elemento complementario de un activo: jardines, patios o cubiertas vegetales que forman parte del paisaje del edificio para aportar una mejora estética o responder a determinados requisitos urbanísticos y ambientales. Sin embargo, esa visión empieza a quedarse corta.

La evolución del mercado inmobiliario, la creciente competencia entre activos, las nuevas expectativas de los usuarios y la importancia adquirida por la sostenibilidad, el bienestar y la resiliencia están modificando la forma en que propietarios, gestores de activos y operadores toman decisiones sobre sus edificios. Hoy la conversación ya no gira únicamente en torno al diseño o al mantenimiento, sino alrededor de una cuestión mucho más estratégica: ¿puede la infraestructura verde contribuir a generar más valor para el activo? Y, si es así, ¿cómo plantear la infraestructura verde para que cumpliera esta función durante todo el ciclo de vida del activo?

A continuación lo analizamos y aportamos ejemplos reales, desde nuestra experiencia diseñando infraestructura verde y gestionando el mantenimiento de zonas verdes.

La infraestructura verde deja de ser un elemento ornamental para convertirse en una herramienta de creación de valor para el activo.

 

¿Qué aporta la infraestructura verde a un edificio?

 

Los activos ya no compiten únicamente por su ubicación o por la calidad de sus instalaciones. Hoy, oficinas, hoteles, campus corporativos o centros comerciales buscan diferenciarse centrándose en la experiencia que son capaces de ofrecer a las personas que los utilizan.

En este contexto, los espacios exteriores están comenzando a plantearse como parte de la experiencia en el edificio y en la identidad que éste transmite. Lugares donde reunirse, descansar, trabajar, interactuar o simplemente permanecer… Son todas posibilidades de la infraestructura verde, cuya calidad influye en la percepción del activo, en la forma en que se vive y en la imagen que proyecta hacia clientes, visitantes, empleados o huéspedes.

Así, más allá de criterios paisajísticos, se trata de entender cómo esos espacios pueden mejorar la experiencia de quienes utilizan un activo, reforzar su posicionamiento, aumentar su capacidad de adaptación y contribuir a mantener su valor a lo largo del tiempo.

¿Qué ejemplos de infraestructura verde que aporten valor estratégico existen?

 

Algunos ejemplos de este uso estratégico de infraestructura verde incluyen:

  • Cubiertas verdes que mejoran el comportamiento ambiental de los edificios.

  • Patios naturalizados que aumentan el confort térmico.

  • Jardines interiores que refuerzan la identidad del espacio.

  • Terrazas concebidas como nuevos lugares de encuentro.

  • Huertos corporativos que fomentan la participación y el bienestar entre los empleados.

En la práctica, organizaciones como MERLIN Properties, GMP o ING ya han incorporado este tipo de soluciones dentro de sus activos. Con objetivos que van mucho más allá del paisajismo tradicional, reflejan una evolución que probablemente continuará acelerándose durante los próximos años.

Soluciones que representan un cambio de enfoque profundo, en el que la infraestructura verde se diseña como una herramienta capaz de contribuir al funcionamiento, al posicionamiento y al valor del activo. Y, para ello, se integra en decisiones relacionadas con la experiencia de usuario, las estrategias ESG, la biodiversidad, la salud o la atracción y fidelización de personas.

Los espacios exteriores se consolidan como lugares para trabajar, reunirse o descansar, ampliando las posibilidades de uso del activo y mejorando la experiencia de quienes lo utilizan.

 

Además, dentro de esta tendencia y transformación, quizá uno de los cambios más interesantes sea que algunas organizaciones empiezan a ampliar su mirada más allá de los límites de su propia parcela.

Si durante años el objetivo fue optimizar el edificio, hoy comienzan a surgir iniciativas que entienden que el entorno inmediato también forma parte de la experiencia del activo y de la relación que éste establece con la ciudad.

Proyectos como Bioconecta, impulsado por L'Oréal junto con el Ayuntamiento de Madrid y otros colaboradores, exploran nuevas formas de colaboración entre empresa, administración y ciudadanía para regenerar espacios urbanos próximos a sus instalaciones mediante procesos participativos y compromisos de mantenimiento a largo plazo.

Bioconecta demuestra cómo la colaboración entre empresa, administración y entidades sociales puede transformar un espacio urbano infrautilizado en un activo compartido para la ciudad y para las personas.

 

Así, este tipo de iniciativas plantea una reflexión interesante: el valor de un activo no depende únicamente de lo que ocurre dentro de sus límites físicos, sino también de la calidad del entorno con el que se relaciona.

¿Qué papel tiene el mantenimiento de zonas verdes en el uso estratégico de infraestructura verde?

 

Aprovechar el potencial estratégico de la infraestructura verde pasa por entender también que el valor de estos espacios se construye durante todo el ciclo de vida del activo. De este modo, si bien existe una tendencia natural a concentrar la atención en el diseño de los espacios verdes, también debe tenerse en cuenta la calidad de su mantenimiento a lo largo del tiempo: cómo éste condiciona (y sustenta) también la experiencia de quienes lo utilizan y, por lo tanto, también la percepción del activo en el tiempo.

En otras palabras, la capacidad de estos espacios para seguir cumpliendo la función para la que fueron concebidos requiere de una atención clara al mantenimiento de zonas verdes como clave estratégica.

Y aquí puede entenderse el mantenimiento desde una perspectiva amplia. Por ejemplo, incorporando la activación de determinados espacios mediante programas de bienestar, participación o educación ambiental, que contribuyen a mantenerlos vivos y aumentar su utilización.

En este sentido, resulta relevante adoptar una visión integral que combine diseño, ejecución, mantenimiento especializado y, cuando aporta valor, estrategias de activación adaptadas a cada tipo de activo.

Esta visión integrada ofrece además una oportunidad poco habitual: concentrar en una única actuación distintos tipos de valor. Porque, bien planteado y desde esta perspectiva integral, un proyecto de infraestructura verde puede mejorar la experiencia de usuario, reforzar el posicionamiento del activo, contribuir a sus objetivos ambientales y, cuando se desarrolla mediante modelos de empleo inclusivo en el desarrollo de zonas verdes, generar también un impacto social tangible.

Es el caso del Huerto Urbano Inclusivo BBVA junto a Fundación Juan XXIII: un proyecto de infraestructura verde e innovación social que crea empleo de calidad para profesionales con diversas capacidades intelectuales, a la vez que contribuye a la sostenibilidad ambiental y una mejor calidad de vida para todas las personas.

Proyectos que demuestran que es posible plantear la infraestructura verde como una solución que responda simultáneamente a varias prioridades estratégicas: desde el valor del activo, a la Responsabilidad Social Corporativa y ESG.

El diseño crea el espacio; el mantenimiento preserva su valor durante toda la vida útil del activo.

 

¿Cómo plantear la infraestructura verde para aprovechar todo su potencial estratégico (valor del activo, ESG…)?

 

Acabamos de ver cómo la conversación en torno a la infraestructura verde se está moviendo para ampliarse hacia aspectos como la competitividad, experiencia de usuario, bienestar, sostenibilidad, resiliencia e identidad del activo.

Más allá de conversaciones, acceder a este potencial implica en la práctica varios pasos. Por un lado, se debe comenzar por diseñar espacios atractivos e implementarlos adecuadamente, mediante el diseño de cubiertas verdes con control técnico, jardines verticales con garantías técnicas y otros modelos de implementación eficiente. A su vez, se debe plantear su gestión y mantenimiento de modo que estos espacios sigan generando valor durante toda la vida útil del edificio, evolucionando con las necesidades de quienes lo utilizan.

En Soluciones Verdes participamos de esta evolución desde una posición privilegiada, colaborando con propietarios, gestores de activos y operadores en el diseño, ejecución, mantenimiento y activación de infraestructura verde.

Una experiencia que nos está demostrando que la infraestructura verde se está transformando para convertirse en una herramienta estratégica capaz de generar valor desde múltiples dimensiones: mejorar la experiencia de quienes utilizan el activo, reforzar su posicionamiento, contribuir a sus objetivos ambientales y, cuando el modelo lo permite, generar también un impacto social medible.

¿Quieres seguir profundizando en el valor de la infraestructura verde y cómo acceder a él?

Puedes saber más sobre cómo esta visión integral se traduce en proyectos reales descargando nuestro dossier "Espacios verdes que crean valor", donde compartimos ejemplos de diseño, ejecución, mantenimiento y activación de infraestructura verde aplicados a distintos tipos de activos desde nuestra experiencia en Soluciones Verdes.

Los activos más competitivos ya no solo incorporan infraestructura verde; la integran como parte de su estrategia de creación de valor.