Prevención es la palabra a marcar y subrayar en lo que se refiere al bienestar emocional en etapas como la infancia, la adolescencia y los primeros años como adultos. Entendiendo la prevención como un concepto amplio en el que entran realidades como la gestión del estrés, la construcción de la autoestima y la capacidad de pedir ayuda y apoyo emocional cuando se necesite.
En el mundo, la OMS estima que 1 de cada 7 jóvenes de entre 10 y 19 años convive con algún tipo de trastorno mental. A su vez, se sabe que las intervenciones de psicología infantil y para adolescentes pueden marcar la diferencia, dotando a las personas más jóvenes de herramientas que les puedan acompañar en esa etapa y en el resto de su vida.
Los servicios de psicología y psiquiatría para niños y adolescentes son fundamentales aquí. Pero, además de este tipo de intervenciones, ¿qué pueden hacer las personas del entorno más cercano para apoyar su bienestar emocional?
A continuación compartimos más sobre la importancia de la prevención en psicología infantil y juvenil, y algunos consejos prácticos de apoyo emocional que pueden implementarse desde el entorno más cercano.
El motivo es claro: la psicología infantil y juvenil nos enseña que cuanto antes se detecten patrones o dificultades en el bienestar emocional, más efectivas pueden ser las estrategias de intervención.
Un principio que rige también las intervenciones de Atención Temprana, y cuyo objetivo es no solo proporcionar apoyo en este momento, sino también reducir la probabilidad de desarrollar trastornos más graves más adelante en la edad adulta.
En lo que se refiere al bienestar emocional, es precisa una combinación de comunicación abierta y validación constante. Se trata de enseñarles a gestionar sus emociones de forma constructiva, a la par de que los adultos se posicionan como un espacio seguro al que acudir para comunicarse. Igualmente, también hay que matizar que el papel de los adultos no es el de solucionar los problemas, sino el de actuar como guía y modelo.
Pero, ¿cómo bajar a tierra estas ideas? En posts anteriores ya hemos abordado cómo acompañar la educación emocional infantil en momentos de enfado o frustración. Ahora compartimos algunas prácticas que, en el día a día, sientan bases sólidas sobre las que construir el bienestar emocional de niños, adolescentes y jóvenes adultos:
Validar sus emociones: frases como "entiendo que te sientas así" o "estoy aquí para ti" son primeros pasos para construir un espacio seguro, sin juicio, en el que exista apoyo emocional de modo que la persona sienta que puede compartir sus inquietudes.
Modelar gestión emocional: ya que se aprende observando y “copiando” conductas, mostrar cómo manejamos nuestro propio estrés o frustración les da herramientas prácticas.
Fomentar el autocuidado: tal y como compartimos en nuestro artículo sobre cómo apoyar la salud mental de nuestros hijos, los hábitos saludables (ejercicio, alimentación, sueño, ocio y conexión social…) suponen pilares clave del bienestar emocional.
Crear momentos de conexión: las comidas juntos, los fines de semana o las conversaciones en las que hay intimidad generan seguridad y sentido de pertenencia. Es desde ahí desde donde se pueden crear espacios seguros de apoyo emocional.
Conocer las señales de alerta: irritabilidad constante, un mayor aislamiento, descenso del rendimiento escolar, silencios… pueden ser señales importantes de que el bienestar emocional de una persona está resintiéndose. Conocerlas es el primer paso para poder intervenir.
Más allá de estos consejos prácticos de apoyo emocional, es también importante normalizar la búsqueda de apoyo profesional, eliminando posibles estigmas en torno a la salud mental y el bienestar emocional.
En este sentido, el bienestar emocional debe tratarse desde una perspectiva similar a la salud física, siendo la prevención la herramienta más poderosa a nuestro alcance.
Aquí, la psicología infantil y juvenil brilla por ser capaz de ofrecer recursos específicos para cada etapa del desarrollo, adaptados además a las necesidades individuales de cada persona. Además de importantes tareas de evaluación y diagnóstico, el espacio terapéutico también se puede concebir como un lugar de aprendizaje emocional.
Es el caso de SumaMente de Fundación Juan XXIII: un Centro de Bienestar Psicológico y Social que ofrece servicios psicosociales para personas de todas las edades, liderados por un profesional con más de 30 años de experiencia.
Desde la promoción del bienestar emocional y la prevención en salud mental infanto-juvenil hasta programas de educación y acompañamiento, ofrecemos servicios diseñados para fortalecer a cada persona y a su entorno familiar en su camino hacia el bienestar emocional. ¡Conócenos!