Qué implica para una empresa la discapacidad del 33% en la ley LISMI

| por Fundación Juan XXIII

Las personas que cuentan con un certificado que acredita un 33% o más de discapacidad pueden beneficiarse de desgravaciones en la renta familiar, deducciones en la adquisición de la vivienda y los planes de pensiones, además de otros tipos de descuentos y ayudas. Pero este certificado también tiene repercusiones para las empresas empleadoras. ¿Quieres saber cuáles? Te lo contamos.

 

Menor al 33%

Sin consideración legal

No computa a efectos de la LGD ni genera prestaciones económicas, beneficios fiscales o bonificaciones para la empresa empleadora.

Igual o mayor al 33%

Cumplimiento y Beneficios

Acredita a la persona oficialmente, permitiendo a la empresa cumplir con la cuota de reserva LGD y acceder a todos los incentivos estatales.

Implicaciones de la lismi discapacidad para las empresas

Si alguna vez has visto ofertas exclusivas para personas con discapacidad en alguna plataforma de búsqueda de empleo, seguramente hayas reparado en que suelen solicitar un grado o porcentaje de discapacidad igual o superior al 33%.

Esto es así porque para obtener beneficios fiscales y para que la contratación de personas con discapacidad compute a efectos de la Ley General de Discapacidad (LGD) el certificado de la persona contratada debe reconocer al menos un 33% de discapacidad. Por debajo de esa cifra, no existen bonificaciones y ayudas para las empresas, ya que la discapacidad se reconoce a estos efectos a partir de un grado del 33%.

Así, un certificado de discapacidad que sea menor al 33% no conlleva ninguna prestación económica, ni para las personas ni para las empresas.

33%

El umbral legal para las empresas

Por debajo de esta cifra, el certificado no conlleva ninguna prestación económica, bonificación o beneficio fiscal para la empresa. El 33% es la clave exacta para que la contratación compute a efectos de la Ley General de Discapacidad (LGD).

Cómo se establece el 33% para el cumplimiento LISMI

La valoración del porcentaje de discapacidad se regula por el Real Decreto 1971/1999, de 23 de diciembre, modificado posteriormente por el Real Decreto 174/2011, de 11 de febrero, que establece un baremo de valoración de las situaciones de dependencia.

  • Porcentaje de 0% de discapacidad: se considera una discapacidad nula.

  • Porcentaje de discapacidad del 1 al 24%: coindice con la discapacidad leve.

  • Porcentaje de discapacidad del 25 al 49%: corresponde a la discapacidad moderada. Como hemos indicado, las personas con un porcentaje menor al 33% no tendrán la consideración legal de personas con discapacidad.

  • Porcentaje de discapacidad del 50 al 70%: se considera una discapacidad grave. A partir de una valoración del 65%, la persona tiene derecho a una pensión no contributiva.

  • Porcentaje de discapacidad del igual o mayor al 75%: se considera una gran discapacidad.

1% al 24%

Discapacidad leve. Sin consideración legal para cumplimiento empresarial.

25% al 49%

Discapacidad moderada. Recuerda que los menores al 33% no tienen consideración legal a efectos empresariales.

50% al 70%

Discapacidad grave. A partir de una valoración del 65%, la persona tiene derecho a una pensión no contributiva.

Igual o mayor al 75%

Gran discapacidad.

Prestaciones LISMI por contratar talento con discapacidad del 33%

Las empresas con 50 o más empleados deben reservar un 2% de los puestos en plantilla para personas con discapacidad o, en su defecto, recurrir a una de las Medidas Alternativas

Las empresas con menos de 50 empleados no están en esta obligación, pero la contratación de personas con discapacidad les permite disfrutar igualmente de muchos incentivos, como: 

  • Subvenciones por contrato.

  • Bonificaciones de las cuotas a la Seguridad Social.

  • Deducciones sobre el Impuesto de Sociedades.

  • Subvenciones para adaptación de puestos.

 

Además de todo esto, contratar trabajadores con discapacidad transforma las relaciones y el clima laboral, dando como resultado un ambiente de trabajo más abierto y productivo y una mejor imagen de empresa.

Si necesitas captar talento, ayuda para identificar qué puestos son susceptibles de ser cubiertos por personas con discapacidad o apoyo en el proceso de selección y contratación, ¡no dudes en contactarnos!

 

Fuentes y referencias

Base normativa oficial sobre el umbral del 33%, baremos de valoración e incentivos empresariales

1
Legislación

Boletín Oficial del Estado (BOE) — Ley General de Discapacidad (LGD)

Real Decreto Legislativo 1/2013. Texto legal consolidado que establece formalmente el umbral del 33% para el reconocimiento de la discapacidad a efectos de incentivos laborales y cumplimiento de la cuota del 2%.

Consultar texto refundido (BOE)
2
Valoración

Boletín Oficial del Estado (BOE) — Baremo de valoración de discapacidad

Real Decreto 1971/1999 (actualizado por el RD 174/2011 y normativas posteriores). Documento técnico y médico oficial que regula el procedimiento para el reconocimiento, declaración y calificación del grado de discapacidad.

Ver baremo oficial (BOE)
3
Incentivos Fiscales

SEPE — Servicio Público de Empleo Estatal — Bonificaciones a la contratación

Directrices oficiales del SEPE que desglosan las bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social y las subvenciones estatales a las que pueden acceder las empresas al contratar a profesionales con un grado igual o superior al 33%.

Consultar bonificaciones (SEPE)
4

IMSERSO — Pensión No Contributiva (PNC) de Invalidez

Portal institucional que certifica las prestaciones asociadas a los grados de discapacidad más altos, verificando que el umbral legal para acceder a una pensión no contributiva se sitúa en el 65% o superior.

Ver requisitos de pensión (IMSERSO)

 

 Preguntas frecuentes sobre la ley LISMI y la discapacidad del 33%

La arquitectura de las leyes de inclusión en España establece parámetros numéricos precisos para determinar cuándo una condición personal adquiere relevancia dentro del ecosistema de ayudas estatales. Comprender estos límites técnicos permite a las direcciones de recursos humanos realizar una planificación de plantillas mucho más certera, asegurando que cada incorporación de talento sea reconocida oficialmente por los organismos públicos competentes.

 

Al analizar qué es la lismi y su aplicación práctica, observamos que el reconocimiento legal de la discapacidad solo se activa a partir de un grado certificado igual o superior al treinta y tres por ciento. Por debajo de esta cifra, la ley no contempla la concesión de prestaciones económicas para el individuo ni permite que la compañía acceda a bonificaciones, lo que convierte a este porcentaje en el requisito de entrada ineludible para el cumplimiento lismi en cualquier sector productivo.

 

Para las organizaciones, este certificado es la garantía documental necesaria para validar sus políticas de diversidad ante una posible inspección de trabajo. Las empresas que buscan liderar este cambio suelen comenzar por solicitar información y orientación especializada para entender cómo estos mínimos legales afectan a su estructura de costes y a su imagen pública ante inversores y clientes potenciales.

La evaluación técnica de las capacidades funcionales de un individuo es un proceso riguroso regulado por reales decretos que buscan objetivar la realidad de cada persona frente a su entorno. Disponer de una escala graduada permite a las administraciones públicas y al tejido empresarial asignar recursos y apoyos de manera proporcional a las necesidades reales, garantizando que el sistema de protección social sea justo y sostenible a largo plazo.

 

El baremo oficial establece diferentes categorías que van desde el grado nulo hasta la gran discapacidad, situando la frontera de la discapacidad leve hasta el veinticuatro por ciento y la moderada hasta el cuarenta y nueve por ciento. Resulta vital para la gerencia recordar que, aunque una persona cuente con una valoración médica, solo se tendrá la consideración legal de lismi discapacidad si alcanza ese mínimo del treinta y tres por ciento, cifra que se puede verificar analizando los estándares de calidad y excelencia de la propia institución evaluadora.

 

A medida que el porcentaje aumenta, también lo hacen las necesidades de soporte y los derechos asociados, como el acceso a pensiones no contributivas a partir del sesenta y cinco por ciento. Las corporaciones más vanguardistas utilizan estos datos para identificar qué perfiles se ajustan mejor a cada posición, apoyándose en la formación y capacitación profesional que ofrecen las entidades expertas para asegurar que el desarrollo del empleado sea óptimo y productivo dentro de la compañía.

La competitividad financiera de un negocio moderno no debe estar reñida con su capacidad para generar bienestar en la comunidad. El Estado ha diseñado un sistema de incentivos sumamente atractivo que premia a las organizaciones por integrar talento diverso, transformando la responsabilidad ética en una palanca de ahorro económico que mejora la rentabilidad neta de la operación mercantil desde el primer día de la contratación.

 

Las empresas que apuestan por perfiles con un grado de treinta y tres por ciento o superior acceden a subvenciones directas por contrato y a importantes bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social. Además, la normativa permite aplicar deducciones considerables sobre el Impuesto de Sociedades y solicitar ayudas para la adaptación técnica de los puestos, un proceso que se vuelve mucho más sencillo al contar con un equipo de profesionales expertos en inclusión que guíe a la gerencia en todos los trámites burocráticos.

 

Estos beneficios son accesibles para negocios de todos los tamaños, incluso para aquellos que no alcanzan el volumen de empleados exigido por la ley lismi para la cuota obligatoria. Al integrar estos ahorros fiscales en la estrategia de sostenibilidad y responsabilidad corporativa, las juntas directivas logran optimizar sus flujos de caja mientras construyen un modelo de negocio mucho más sólido, humano y respetado en el mercado nacional e internacional.

La vigilancia sobre el equilibrio social de las plantillas es una prioridad absoluta para las inspecciones de trabajo que velan por el acatamiento de los mandatos de igualdad. Las corporaciones que alcanzan un volumen de cincuenta trabajadores deben ser sumamente meticulosas en su contabilidad de personal, asegurando que cada profesional incorporado cumpla con los requisitos documentales precisos para validar el estatus legal de la organización ante las autoridades.

 

Para que una contratación sea contabilizada dentro del dos por ciento obligatorio que marca la ley, es condición inamovible que el empleado posea el certificado oficial de discapacidad del treinta y tres por ciento. Sin esta validación administrativa, la empresa no estaría cumpliendo técnicamente con la cuota de reserva, un riesgo que se puede mitigar utilizando una calculadora lismi para auditorías internas que identifique con claridad las necesidades de reclutamiento pendientes de cubrir.

 

Mantener este índice de referencia actualizado es vital para evitar cuantiosas multas y la exclusión de licitaciones públicas de gran valor. Al asegurar que sus procesos de selección se centran en perfiles acreditados, la dirección puede confiar sus procesos de integración a servicios profesionales de acompañamiento y empleo con apoyo, garantizando que el cumplimiento de la ley lismi sea un éxito rotundo tanto en el plano normativo como en el operativo.

El valor de una marca en el siglo veintiuno trasciende los resultados económicos inmediatos, situando la calidad humana y la diversidad en el centro de su propuesta de valor. Construir una organización donde diferentes capacidades convivan y colaboren de forma natural genera un entorno de innovación constante, donde la resolución de problemas se aborda desde perspectivas mucho más ricas, variadas y empáticas que en los modelos tradicionales.

 

La incorporación de trabajadores con un grado de treinta y tres por ciento de discapacidad o superior transforma radicalmente el clima laboral interno, fomentando un ambiente de trabajo mucho más abierto, colaborativo y productivo. Estos cambios en la cultura empresarial se traducen directamente en una mejor imagen de marca ante la sociedad, un factor que las empresas pueden visibilizar mediante la publicación de noticias y resultados de impacto social en sus canales de comunicación institucionales.

 

Finalmente, este compromiso con la inclusión actúa como un imán para atraer y retener al mejor talento, especialmente entre las nuevas generaciones que buscan trabajar en compañías con un propósito claro. Al descubrir qué hacemos las entidades de iniciativa social para facilitar este cambio, las empresas comprenden que integrar la diversidad no es solo un deber legal, sino la estrategia más inteligente para asegurar la excelencia operativa y el liderazgo en el mercado actual.

 

 

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