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Lenguaje inclusivo y discapacidad: ¿Qué debes saber?

Lenguaje inclusivo y discapacidad: ¿Qué debes saber?

Gracias a los movimientos sociales y asociativos, las personas con discapacidad han tomado la voz y han conseguido impulsar la transformación del lenguaje, logrando desterrar muchos términos peyorativos y alcanzando un consenso bastante sólido sobre qué términos son respetuosos con las personas con discapacidad. Esto es lo que debes saber sobre lenguaje inclusivo y discapacidad.

 

¿Cuál es el término correcto para nombrar a personas con discapacidad?

 

No podría ser más simple: personas con discapacidad. Este es el término que presenta un mayor consenso, ya que está apoyado por la COCEMFE (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica), que aglutina a más de 1.600 entidades sociales.

‘Personas con discapacidad’ también es el término por el que se reconocen los derechos a las personas con discapacidad en el marco legislativo internacional y español. La Convención Internacional sobre los Derechos de la Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, aprobada y ratificada por España, también manifiesta que el término adecuado es ‘personas con discapacidad’, ofreciendo también la opción de ‘personas en situación de discapacidad’.

Por su parte, la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad, más conocida como Ley General de Discapacidad o LGD, también usa ya el término de ‘personas con discapacidad’. Antes de su aprobación, las asociaciones de personas con discapacidad llevaban ya un tiempo luchando por cambiar la terminología de la ley anterior, la LISMI (abreviatura de Ley de Integración Social del Minusválido), que utilizaba términos como ‘minusválido’ o ‘incapacitado’. Lo mismo ocurría con los términos ‘inserción’ o ‘integración’, que en la LGD ya son sustituidos por ‘inclusión.

Igualmente, la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, obliga expresamente a las Administraciones Públicas a usar el término ‘personas con discapacidad’ en su disposición adicional octava.

En todo caso, es muy importante la incorporación de la palabra ‘persona con’, evitando hablar de ‘personas discapacitadas’, ‘discapacitados’ o ‘discapacitadas’. De este modo, se busca reflejar que la discapacidad es una característica que acompaña a la persona, pero que no la define. Así, las personas no son “discapacitadas”, sino que tienen o manifiestan una discapacidad.

 

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Lenguaje inclusivo: buenas prácticas a la hora de hablar de discapacidad

 

  • Evita términos obsoletos y ofensivos. Hay palabras con implicaciones peyorativas que todavía se pueden encontrar en normativas legales antiguas o incluso en la Constitución, que utiliza la expresión obsoleta ‘disminuidos’. Otros términos que deben evitarse a la hora de hablar de discapacidad son: ‘minusválido’, ‘incapaz’, ‘impedido’ y más palabras que transmiten la idea de que las personas con discapacidad son menos válidas o capaces.

  • Evita nombrar a las personas por su discapacidad. Del mismo modo que es preferible usar ‘persona con discapacidad’ a ‘discapacitado’, también es preferible usar ‘persona con ceguera’ o ‘persona con discapacidad visual’ antes que ‘ciego’; ‘persona sorda’ o ‘persona con sordera’ antes que ‘sordo’; o ’persona con tetraplejia’ en vez de ‘tetrapléjico’.

  • Para las personas con discapacidad que precisan de la atención de otra persona para el desarrollo de actividades de la vida diaria, se debe utilizar ‘personas en situación de dependencia’, evitando ‘dependientes’. También hay que tener en cuenta que no todas las personas con discapacidad están en situación de dependencia.

  • Los eufemismos, como ‘sordita’ o ‘cieguito’, ya que caen en la infantilización de las personas con discapacidad.

  • Palabras como chicos, chicas, niñas o niños, cuando nos referimos a personas adultas con discapacidad.

  • ‘Enfermos’ o palabras similares, ya que la discapacidad no es una enfermedad, aunque en ocasiones concurran las dos cosas.

  • Usar ‘personas normales’ en oposición a personas con discapacidad. Las personas con discapacidad también son normales. Si queremos excluir a las personas con discapacidad de la oración, pueden usarse expresiones como ‘personas sin discapacidad’ o ‘el resto de la población’. 

  • Desde FUNDACIÓN JUAN XXIII no recomendamos el uso del término ‘colectivo’, dado que la mayoría de personas con discapacidad no forman parte de ninguna asociación. Para referirse a ellas sin repetir palabras, pueden usarse expresiones como ‘esta parte de la sociedad’.

  • Aunque sean bienintencionados, también se desaconsejan otros términos como ‘diversidad funcional’, ‘otras capacidades’ o ‘capacidades diferentes’, ya que se consideran eufemismos que generan confusión, ambigüedades, inseguridad jurídica y restan valor a la problemática que, en esta sociedad, supone manifestar una discapacidad. Además, como señala la COCEMFE, todas las personas somos diversas. 

  • Evitar expresiones con una alta carga negativa, como ‘personas que sufren discapacidad’, ‘personas que padecen discapacidad’, ‘víctima de discapacidad’, ‘postrado en una silla de ruedas’, ‘condenada a estar en la cama’. En su lugar, es preferible usar expresiones neutras, como ‘tiene discapacidad’, ‘presenta una discapacidad’, ‘manifiesta una discapacidad’ o ‘usa una silla de ruedas’.

 

Esperemos que pongas en prácticas estas pautas para el uso de un lenguaje correcto y respetuoso para referirse a las personas con diferentes tipos de discapacidades

Las palabras que usamos crean ideas en la mente de la gente. Por este motivo, en FUNDACIÓN JUAN XXIII creemos que es necesaria una comunicación responsable que ayude a derribar estereotipos y estigmas y que contribuya a crear una sociedad más inclusiva. 

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